Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

¿Culpable o inocente?

[Texto del artículo]

30 Mayo 2015
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Autor: Nicole Montano

Los seres humanos estamos acostumbrados a juzgar. Lo hacemos todo el tiempo, sin siquiera notarlo y lo peor de todo, es que muchas veces juzgamos sin conocer. Vivimos en un mundo lleno de crítica y a decir verdad, no está mal el criticar constructivamente pero cometemos una gran injusticia al criticar algo o a alguien sin conocer verdaderamente los hechos.

Primero, hay que reconocer que nadie es perfecto. Ya que muchas veces se le exige mucho a alguien o incluso, se crea una imagen de alguien cuando ni si quiera lo conocemos. Y cuando uno comete un error, en vez de lanzarnos a criticarlo, juzgarlo, señalarlo o reprocharlo, deberíamos primeramente, ponernos en su lugar, pensar que así como cualquiera se equivoca, estamos nosotros dispuestos también a equivocarnos. Y en caso de que nosotros nos equivocáramos, lo que más esperaríamos es el perdón. Pero, ¿Cómo esperar a que nos perdonen si nosotros no somos capaces de perdonar?

“Trata a los demás cómo quisieras ser tratado” es lo que deberíamos repetirnos una y otra vez en la mente y sobre todo a la hora de juzgar. Muchas personas toman la acción de juzgar o de criticar como un pasatiempo. Es decir, no se cansan de señalar los errores que otros cometen y esto los lleva a ser personas injustas porque no se dan cuenta que todos tenemos derecho a equivocarnos ya que nadie puede ser perfecto. El único que verdaderamente puede juzgarnos es Dios.

Cabe mencionar que a pesar de tener derecho a equivocarnos, también es necesario reconocer que es un deber el corregir nuestros errores. No podemos pensar únicamente que si nos equivocamos y nos perdonan, la historia termina ahí. Debemos tener en cuenta que si caemos, no hay que dudar en volver a levantarse. Claro que, si cometemos el mismo error dos veces, la segunda vez ya sería una decisión. Pero debemos esforzarnos en corregir todos nuestros errores.

Debemos dejar de tener una mente tan egoísta. Sobre todo al tomar la decisión de criticar o de juzgar. Esto no quiere decir que debemos ignorar los errores que nosotros o que otros cometen, porque a veces es necesario también, el castigar a las personas inmorales, a las personas que cometen grandes equivocaciones como los que rompen la ley. Por ejemplo, si alguien mata a una persona, obviamente debe ser llevada a un juicio, y es ahí donde el juez (el encargado de juzgar a esa persona, según la ley) debe determinar la sanción. Y en caso de que el culpable se arrepienta, de igual manera debe asumir las consecuencias porque todos debemos ser responsables de nuestros actos pero, hay que ser cuidadoso con esto. Ya que, ¿qué pasaría, si inculpan a alguien de algo que en realidad no cometió? Inmediatamente los que creen que esta persona es culpable, luchan hasta morir con tal de que pague por su error. Además de ser esto injusto, lo es aun más al sancionar a la persona cuando en realidad no es culpable y esto, no solo afecta a uno si no a todos los testigos de su inocencia. Al final, la verdad hará libre al injustamente acusado porque el último que tiene la palabra es Dios, pero antes de eso, ¿debe esa persona asumir algo de lo que no es responsable?

Es difícil, sobre todo para los jueces, el tener que analizar casos realmente complicados, en los que verdaderamente no se sabe quien tiene la razón. Pero algo que deberíamos todos recordar es que incluso Judas al traicionar a Jesús, se arrepintió completamente después de hacerlo y claro está que jamás debió traicionarlo pero como cualquier otro, cometió un error. Y, ¿qué hizo Jesús? Indudablemente lo perdonó. Es ese el ejemplo que debemos seguir. Ya sean grandes o pequeñas las equivocaciones que otros cometan, no deberíamos dudar en perdonar. Y, “perdono pero nunca olvido” es lo que solo un ignorante pensaría o diría. No es posible perdonar sin antes olvidar. Para perdonar, es sumamente necesario olvidar. Sin antes olvidar, el perdón no existe.

Imagen de la web Filosofía Hoy

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