Filosofía Hoy
La verdad os hará libres
 

El triste y obligado "sí" de las niñas salvadoreñas

[Texto del artículo]

30 Mayo 2015
Categoría:
Autor: Andrea Miranda

Muchas veces he escuchado hablar de la prostitución y me doy cuenta que hoy en día se ha convertido en un tema muy común, sin importancia alguna, pero la cruda realidad es que cada día este problema se vuelve más severo, porque ya no solo se venden cuerpos de mujeres adultas, sino que ahora se obliga a comercializar cuerpos vírgenes de adolescentes que apenas empiezan a vivir.

 Este fenómeno se llama prostitución infantil y en la actualidad se mira como algo tan normal y tan cotidiano ,que quiera sí o no es un daño para las personas que rodean a estas adolescentes sufriendo el calvario de verlas prostituirse y acelerar su proceso de desarrollo sexual, asimismo para las niñas que empiezan a vender sus cuerpos a cambio de unos centavos desde temprana edad, obligadamente sin conocer acerca de métodos anticonceptivos o de protección para evitar embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual  y sin saber que están expuestas a cualquier peligro mientras se exhiben en las amargas y solitarias calles de El Salvador para su comercialización.

Las etapas de niñez y adolescencia son las más emocionantes del proceso de formación del ser humano, pues es cuando van explorando y descubriendo diversas problemáticas, motivos de risa y juegos, tristezas y fracasos, sueños y logros, asimismo van conociendo su cuerpo, como se van terminando de desarrollar sus órganos etc., en pocas palabas, están aprendiendo a vivir, sin embargo esta etapa es interrumpida al máximo por las perversas garras de la prostitución infantil obligada.

En las calles se observan escenas desgarradoras e indignantes que se vuelven una imagen cotidiana, muy normal y a nadie le importa, nadie se preocupa por ellas, las autoridades tratan de detener este fenómeno, pero eso solo hace que la prostitución infantil salvadoreña se fortalezca, porque para sus “compradores” lo prohibido se hace más deseable. En lugar de darle más importancia a la zozobra causada por la violencia que se vive en el país deberíamos  de darle la misma importancia a este tema tan delicado, pongámonos a pensar que si nos situamos en el lugar de estas indefensas personitas, que están siendo comercializadas como cualquier objeto sexual, solo de imaginarnos su posición actual nos daría pánico pensar que algún familiar, amigo o conocido cercano e incluso nosotros mismos estuviéramos pasando esa por esa situación, ¿Cómo nos sentiríamos si fuéramos obligados a prostituirnos? ¿Me seguirá dejando de importar? o ¿Empezaré a preocuparme por este fenómeno?

El mundo está lleno de injusticias, la prostitución se parece a la vida  porque no siempre es como se quiere, a veces hay días buenos, a veces hay días malos, hay sueños, logros, fracasos, oportunidades, amor, odio, resentimientos, envidias, etc., es por eso que yo opino que deberíamos también valorar nuestra vida, lo que tenemos, las comodidades que por pequeñas que sean pero las tenemos, que no tenemos que prostituirnos a una edad muy corta para conseguir dinero porque no hay para el pan ni las tortillas para subsistir y vivir de ese trabajo, porque nos obligan a hacerlo o por la razón que sea, valoremos lo que tenemos, pensemos en esas niñas que están siendo obligadas a venderse al mejor postor, porque no corrieron la misma suerte que nosotros, por que quiera sí o no considerémonos bendecidos. El triste y obligado “si” de las niñas salvadoreñas es terrible y tedioso para ellas, ya que tienen que decir “si me voy contigo, a cambio de unos centavos para sobrevivir” a cuantos aparezcan para adquirir sus servicios por que están amarradas a esa cadena de infinitos eslabones tan amarga y dolorosa que no tiene fin y que queda grabada en sus memorias llenándola de tormentosos recuerdos, que morirán hasta que ellas pasen a descansar eternamente y hasta entonces ellas dejaran de sufrir con tantos amargos recuerdos y por fin descansar en paz.

“La santa ley de Jesucristo gobierna nuestra civilización; pero no la penetra todavía. Se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilización europea, y es un error. Existe todavía; sólo que no pesa ya sino sobre la mujer, y se llama prostitución.”[1]

 

 



[1]
Víctor Hugo , V.H. (1862). Los miserables. Francia

 

Imagen de la web Filosofía Hoy

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